Experiencia de vida: Ser mujer transgénero en Formosa
- Franco Medina
- 24 sept 2024
- 5 Min. de lectura

Por: Karla Argañaraz
Me llamo Karla Argañaraz y tengo 52 años. Tener esta edad es un privilegio, porque la expectativa de vida de una mujer trans ronda entre los 35 y 40 años. Es la misma cantidad de años que vivía una persona en la Edad Media.
Lamentablemente no puedo decir que si miro mi vida hacia atrás pueda rescatar algo bueno. Al decir esto no solamente hablo de mí, no quiero ser egocéntrica, sino que también incluyo a todas mis compañeras, porque nuestras experiencias por elegir ser nosotras mismas no son muy buenas.
En Formosa fue bastante caótico vivir mi juventud, hace 30 años para nosotras no había oportunidades de trabajo ni podíamos estudiar. En los colectivos nos insultaban, nos tiraban del cabello, subían barritas machistas que nos decían de todo. De la vergüenza a veces te bajabas y si no lo hacías te escupían o te tiraban cosas, por ejemplo cascotes. En un momento estuve muy cerca de la Iglesia pero te condenaban netamente al infierno. Incluso hasta los psicólogos decían que la transexualidad era una enfermedad. Lo que sí puedo rescatar como un buen recuerdo era cuando me juntaba con algunas compañeritas, con las que prácticamente salíamos de noche porque era el único momento que nos podíamos vestir, caminar y sentirnos como somos realmente.
Con el tiempo emigré a Capital Federal pero al no tener acceso a un trabajo por discriminación, la única oportunidad de sobrevivir era la calle, ejercer la prostitución. En ese tiempo no había derechos humanos que defiendan a la comunidad trans, éramos muy maltratadas por la policía que nos pegaban con la cachiporra y nos obligaban a firmar contravenciones con causas inventadas, sino nos dejaban detenidas hasta que lo hagamos. Todo eso por el simple hecho de salir a buscar nuestra comida, el puchero como decimos los formoseños y las formoseñas. Fue una vida bastante difícil para mí, sobrevivir estos años nefastos que he vivido.
Frente a estas situaciones nuestra única salvación era unirnos entre compañeras, cuando detenían a una, nos juntabamos e íbamos a la comisaría a pararnos y gritar que la liberen, era lo único que podíamos hacer. Ahí a veces las liberaban, pero otras que no tenían esa suerte las hacían desaparecer. De esta manera encontramos la forma de sentirnos acompañadas, empoderadas y también fue un aprendizaje para organizarnos y no callarnos más.
Gracias a esto nació mi alma militante para luchar por los derechos de las comunidades transgénero, que todavía somos el grupo más vulnerable de la sociedad.
Después de 6 años volví a Formosa y con la experiencia de lucha en Buenos Aires empecé a trabajar por nuestros derechos. Primero empecé sola, trabajé en proyectos del cupo laboral trans-travesti, en proyectos de módulos para compañeras, pero todavía lo tienen encajonado. Si bien algunas personas de la política me dieron una mano, me cansé de sentirme usada porque todos se pasan la pelota. Con el tiempo llegaron las organizaciones sociales, nació el Ni Una Menos y se hizo fuerte la comunidad feminista, que después de muchos debates fuimos incluidas en sus luchas y sirvió también para entender que había una sola lucha, que era por los derechos humanos. Ahí fue la primera vez que me sentí incluída.
Durante muchos años a nivel nacional pasaron los gobiernos a los cuales les presentabamos los proyectos que teníamos como comunidad para que nos den un lugarcito en la sociedad y se acuerden de nosotras, pero no pasaba nada. Luchamos mucho por el matrimonio igualitario y la identidad de género, hasta que en un momento se nos dió durante la presidencia de Nestor y Cristina Kirchner. Para nosotras las mujeres transgénero, estas leyes son sumamente importante porque antes eramos humilladas en casi todos los lugares a donde ibamos, pero con estas leyes nos permiten llamarnos como queramos.
En nuestra provincia la situación es compleja, hubo cambios pero en otros aspectos cuesta muchísimo. Ahora subo al colectivo, voy en moto o remis y ya no te escupen o pegan, me respetan mucho. Las nuevas generaciones tienen la cabeza más abierta, aprenden a hablar, a abrazar, que el mundo es diverso y hay gente de color, gordita, flaca, de buen o mal humor y está bien. No tienen prejuicios porque entienden que somos seres humanos y puede haber oportunidades para todos y todas. Otro factor positivo es que pudimos lograr que nuestras compañeras puedan acceder a un colegio, un terciario, que estudien lo que ellas quieran y se propongan.
Como decía Lohana Berkins: “Cuando una travesti/trans entrá a la universidad pública le cambia la vida a esa travesti/trans, cuando muchas entren a la universidad, le cambiará la vida a la sociedad”. Hoy en Formosa tenemos compañeras que son docentes y enfermeras, por ejemplo. En otras provincias ya hay médicas. Eso es importantísimo, es la única manera en la que vamos a recibir respeto, no sólo en la comunidad, sino en todas las generaciones.
Después tenemos otras cuestiones como el trabajo o tener una casa, que todavía estamos muy atrasados. Menciono un sólo ejemplo, hay una compañera que entró a trabajar en la provincia y me comentaba que es bastante complicado el ambiente laboral por el rechazo, eso no cambió mucho. Algunos no pueden creer que una persona transgénero tenga estudios y se haya recibido.
En cuanto a tener una vivienda seguimos marginadas, al no tener familia no nos incluyen en la vivienda del núcleo familiar. Hace 15 años estoy anotada, cuando cambian el ministro te piden todos los papeles de nuevo pero no te los dan. Y como en mi caso hay muchas, con eso todavía debemos luchar.
Quiero despedirme con el sueño de que este sea un mundo más justo para todos y todas, en el que puedan hacer políticas públicas donde no nos nieguen el derecho a la vivienda, a un trabajo y un salario digno que nos permita mejorar nuestra calidad de vida. En Formosa todavía falta mucho para que nos puedan incluir en el trabajo, en la sociedad y en la política también, ¿Por qué no?. Somos muy inteligentes pero en la provincia nos hacen a un lado y no nos hacen sentir capaces. Tenemos que ser buenos y amables entre nosotros, que no se etiqueten a las personas, sino que nos enfoquemos en ser buenos humanos. Amo mucho a mi provincia, por eso volví y cuando mi cuerpo diga basta, quiero ser recordada como una persona que puso su granito de arena, junto a otras compañeras que ya no están, para que esto pueda ser un mundo mejor y sin discriminación.
Seamos nosotros mismos, creo que viviendo como seres de amor vamos a poder abrazarnos más y ganarle a la miseria, al odio y al rencor, que eso es lo que nos lastima el alma.
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